DARWIN Y EL FANATISMO

jueves, 12 de febrero de 2009

150 años con Charles Darwin
Julio Muñoz Rubio*
Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Darwin, científico inglés célebre por ser el autor de la teoría de la evolución de las especies del mundo vivo por medio del mecanismo de la selección natural. Ciento cincuenta años han pasado desde que propusiera esta teoría, hoy día universalmente aceptada en el medio científico.
En todo el mundo se preparan gran cantidad de actividades para celebrar el acontecimiento. No es para menos. La teoría darwinista de la evolución es una de las más importantes en la historia de la ciencia. La revolución que produjo en la concepción del mundo se suma a las producidas por Copérnico, Galileo, Newton, Marx, Freud y Einstein. La concepción feudal de un mundo estático y fijo ha recibido, de todos estos personajes, serios reveses desde el siglo XVII, y de ellos el darwinista es uno de los principales.
La teoría darwinista de la evolución es revolucionaria porque lleva a sus últimas consecuencias una explicación materialista y dinámica del mundo, argumentando que nada en el mundo vivo se encuentra en un mismo estado permanentemente, lo cual era admitido sin reservas por todos los naturalistas hasta finales del siglo XVIII. Si bien Darwin no fue el primer evolucionista (corresponde ese lugar a Jean Baptiste de Lamarck, quien en 1809 propuso su teoría evolutiva basada en los principios de uso y desuso y herencia de caracteres adquiridos), sí fue el que propuso el mecanismo más coherente para explicar la evolución. Con su explicación, Darwin abrió la puerta para incesantes y fecundas investigaciones que no sólo no han cesado hasta la actualidad, sino que se multiplican una y otra vez.
A partir de su método de investigación, aportó conocimientos nuevos y verdaderos, el primero de los cuales fue la demostración de la existencia de un proceso de cambio constante, de evolución en el mundo vivo. Pero además propuso un mecanismo: la selección natural, que, si bien no ha estado exenta de polémicas, como en toda teoría científica seria, ha mostrado enorme capacidad de resolución de problemas, produciendo numerosas líneas de investigación nuevas, que se unen con éxito a las existentes previamente, desde hace mucho inexplicables sin una concepción evolucionista: ecología, biogeografía, genética, biología molecular, embriología, paleontología, taxonomía, fisiología, anatomía comparada, entre muchas más. Ello llevó a afirmar al genetista Theodosius Dobzhansky, uno de los evolucionistas más destacados del siglo XX: “Nada en la biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”.
Hoy, los conocimientos evolucionistas se producen a velocidades frecuentemente difíciles de seguir. La cantidad de libros, artículos, congresos, conferencias, debates, actividades docentes y de difusión que esta teoría produce anualmente no tiene parangón con la de otras teorías científicas. Tan es así que en la jerga de los evolucionistas se habla de la Darwin industry, para dar cuenta de la enorme producción que en torno de esa teoría tiene lugar.
La teoría de Darwin ha sido aplicada a gran cantidad de campos del conocimiento humano: economía política, sociología, sicología, antropología, lingüística, filosofía (en particular la ética, la epistemología, la ontología y la estética). Incluso la literatura y el cine se han visto influenciados por el darwinismo. Si bien no podemos afirmar que en todas estas ramas el darwinismo haya triunfado o esté exento de polémicas y oposiciones, incluso desde el evolucionismo mismo, sí podemos aseverar que sólo esta teoría y la de Marx han gozado de esta aplicación casi universal.
¿Es perfecta la teoría de Darwin? No. La exigencia de perfección a la labor en la ciencia sólo la pueden hacer quienes ignoran lo que la ciencia es. Quizás la principal de las deficiencias de Darwin es haberse identificado tanto con los modelos de la economía política, fundamentalmente con las teorías de Malthus y de Adam Smith. A partir de allí se han generado una serie de elementos ideológicos que en muchas ocasiones la han limitado en su explicación del mundo, e incluso han intentado justificar puntos de vista racistas, misóginos y homófobos, pero tales deficiencias no son ni con mucho insuperables y dentro del evolucionismo contemporáneo se han desarrollado varias concepciones innovadoras que, basadas en la dialéctica, la teoría de sistemas o el holismo, intentan, con frecuente éxito, superar esas fallas.
Por encima de todo, debemos celebrar los 150 años de esta teoría porque ha logrado mejorar la condición humana enormemente. La condición humana siempre será mejor mientras busca saberes y verdades que cuando vive en medio de mentiras, falsedades, fetiches e ignorancia. Aunque esto sea incomprensible para derechistas de toda laya. ¡A tu salud, Darwin!
* Investigador de la UNAM

La teoría de la evolución resiste las embestidas creacionistas.
El debate intelectual se produce en las universidades de Gran Bretaña
La Iglesia defiende que creacionismo y evolucionismo son complementarios
Las iglesias anglicana y católica han sufrido un declive del 27% en asistencia a misa.

Doscientos años después de su nacimiento, la teoría de Charles Darwin sobre la evolución de las especies para explicar el origen de la vida goza de más respeto que nunca entre científicos e intelectuales, y soporta las embestidas periódicas de grupos religiosos –sobre todo en Estados Unidos– empeñados en desprestigiarla para justificar sus creencias y aumentar su base electoral e influencia política.

En una cuestión tan intrínseca a la naturaleza humana, es inevitable que exista un intenso debate que tradicionalmente ha enfrentado creacionismo y evolucionismo, pero al que se ha incorporado de modo reciente –en una hábil maniobra de organizaciones interesadas en difundir una explicación religiosa o pseudorreligiosa del origen de la vida – la llamada teoría del diseño inteligente.

Esta teoría no habla estrictamente de un dios, sino de un ser superior con capacidad para concebir y configurar el mundo tal y como lo conocemos. Aunque la primera línea de fuego en esa guerra entre evolucionistas y antievolucionistas está en los estados del Medio Oeste y el cinturón industrial de EE.UU. (como Ohio, donde el voto cristiano fue decisivo en las dos victorias electorales de George Bush), el principal escenario del debate filosófico e intelectual son las universidades y centros de estudios científicos y teológicos de Inglaterra, una sociedad mucho más laica que la norteamericana y donde el enfrentamiento no es ni mucho menos tan venenoso.

"Podría decirse que lo que en Kansas o Pensilvania es casi un combate sucio para que se enseñe el creacionismo en los colegios públicos a pesar del amplísimo apoyo académico a las teorías de Darwin, en el Reino Unido es un pulso entre caballeros de acuerdo a las más estrictas normas del fair play donde ni una parte ni la otra pierde los papeles", dice el profesor de teología Leo Bentley. Un ejemplo es que la campaña humanista con anuncios en el metro de Londres y autobuses de todo el país, bajo el eslogan Dios probablemente no existe, así que no te preocupes y disfruta, se ha desarrollado sin tan siquiera una décima parte de la polémica suscitada en Barcelona.

Ello no quiere decir que no existan opiniones contrarias, como demuestra una encuesta encargada por el think tank religioso Theos con ocasión del 200.º aniversario del nacimiento de Charles Darwin en Shrewsbury, que se celebra hoy, y 150.º aniversario de la publicación de su obra maestra El origen de las especies, efectuada por la firma de sondeos ComRes entre poco más de 2.000 ciudadanos británicos. Los resultados son difíciles de interpretar, por la manera en que se formularon las preguntas y el hecho de que mucha gente diera credibilidad tanto al creacionismo como a la teoría del diseño inteligente, en vez de escoger entre una y otra.

A la pregunta de "¿a qué atribuye usted el origen y desarrollo de la vida?", un 48% de los encuestados respalda la teoría darwiniana de la evolución, un 22% el creacionismo, un 17% la teoría del diseño inteligente, y el resto dice que no sabe. En cuanto a la pregunta de cuáles de estas explicaciones deberían formar parte del expediente académico de los colegios públicos de Gran Bretaña (con la posibilidad de optar por varias), un 69% dice que el evolucionismo, un 44% que el creacionismo, y un 41% que el diseño inteligente.

Además, un 51% está de acuerdo con la afirmación de que "la evolución por sí misma no es suficiente para explicar las complejas estructuras de algunos seres vivos, y por tanto debe haber sido necesaria la intervención de un diseñador". El problema es que la separación constitucional entre Iglesia y Estado constituye un obstáculo para la difusión de cualquier fe o precepto religioso en las escuelas estatales, y la creación por Dios del mundo en siete días, y de Eva a partir de una costilla de Adán, es uno de los pilares del cristianismo. "Tenemos suerte de que, comparados con EE.UU. y otros países, aquí no existe ningún grupo religioso o cultural de peso que se oponga a la enseñanza de la teoría de la evolución", señala lord Martin Rees, presidente de la Royal Society.

La cuestión en Gran Bretaña no es –como en algunos lugares de EE.UU. bajo presión de la derecha religiosa que contribuyó a auparaBush al poder– si el evolucionismo debería de dejarse de enseñar en los colegios públicos, sino si debería acaso ir acompañado del creacionismo o/y el diseño inteligente. A lo cual dos tercios de los maestros responde que no, y un tercio que sí.

La difusión por 60 escuelas británicas de un DVD creacionista procedente de Estados Unidos ha sembrado la alarma en el gobierno del Labour, que ha exigido su retirada porque ni el creacionismo ni el diseño inteligente son teorías científicas admitidas, y –en palabras del diputado Graham Stringer-"bajo ninguna circunstancia deben ser enseñados a la misma altura que la teoría de la evolución". "La atribución del desarrollo de la vida a una inteligencia superior es un sucedáneo religioso, una manera de envolver de una manera más neutra el concepto básico de que el mundo es obra de Dios", señala el teólogo Alfred Borthwick.

La Iglesia de Inglaterra es la primera que se aleja de las denuncias al darwinismo y quiere aprovechar el aniversario para difundir la noción (igual que el Vaticano) de que evolucionismo y creacionismo no son antagónicos sino complementarios, y la teoría del origen y evolución de las especies es perfectamente compatible con la intervención de Dios. "Dos siglos después de tu nacimiento, te debemos disculpas por haberte malinterpretado y animado a otros aque te malinterpreten", dice un mensaje póstumo a Darwin colocado en la web de la Iglesia anglicana.

La ausencia de un movimiento antievolucionista en Gran Bretaña se explica en el carácter cada vez más laico de la sociedad de este país, donde nueve millones de habitantes (un 15% de la población) son ateos o agnósticos, el grupo más importan después de los cristianos (un 71,8%, pero la gran mayoría de tipo social, es decir, que se definen como tales por tradición o pertenencia a un grupo cultural, pero sin compartir necesariamente los principios de la fe o tener una participación activa en la religión).

Todas las encuestas sobre religiosidad están llenas de contradicciones. Aunque un 75% de los habitantes del Reino Unido se consideran cristianos, musulmanes, judíos, budistas o sijs, al mismo tiempo un 66% afirma "no tener ninguna conexión práctica con la religión o la Iglesia", y menos de la mitad dice creer en Dios. Un sondeo realizado entre niños de nueve y diez años del condado de Cornualles, el más pobre de Inglaterra, concluye que sólo el 19% se ve a sí mismo como "religioso". Desde 1980 hasta ahora, las Iglesias anglicana y católica han sufrido un declive del 27% en asistencia a misa, y la única iglesia institucional que ha registrado un aumento de fieles es la ortodoxa griega y rusa, debido a la inmigración.

Para celebrar el 200.º aniversario del nacimiento de Darwin, mañana se abre al público como museo la casa de Orpington (Kent) donde el científico realizó sus experimentos y elaboró sus teorías, con una detalla explicación de su vida, trabajo y familia. El Museo de Historia Natural le dedica una exposición con el relato del viaje del Beagle,sus escritos personales y la ambientación de los invernaderos donde cultivaba sus orquídeas, y se han organizado congresos en Cambridge, Shrewsbury y otras ciudades.

Un momento trascendente para el conocimiento
La investigación actual refuerza la idea de Darwin de un origen común de los seres vivos.
BELÉN LÓPEZ MARTÍNEZ

Theodosius Dobzhansky, uno de los fundadores de la actual teoría sintética de la evolución, decía: nada tiene sentido en biología si no es considerado bajo el prisma de la evolución. La evolución de las especies es, pues, el denominador común de todas las materias que abarca la biología, y tiene su punto de partida en las ideas de Charles Darwin, un naturalista inglés que abrió y liberó nuestra mente, y nuestra concepción del mundo vivo, de las ideas creacionistas imperantes hasta el momento.

Precisamente hoy, 12 de febrero, celebramos el 200.º aniversario del nacimiento de Charles Darwin, al que podemos considerar padre de la teoría de la evolución. Sus trabajos, junto a los de otro insigne naturalista inglés de la época, Alfred Russell Wallace, dieron lugar a la revolucionaria teoría de la evolución por selección natural, mayoritariamente aceptada por todos los científicos actuales.

La idea de que los organismos vivos evolucionaban existía desde hacía tiempo entre los naturalistas del siglo XIX; lo auténticamente revolucionario fue darle la forma de teoría, explicándola a partir del concepto de selección natural. La trascendencia en aquel momento, tanto para la ciencia como para el pensamiento humano, fue que modificaba el conocimiento de la materia viva y ayudaba a interpretar los fenómenos vitales. Los seres vivos, decía Darwin, no son estáticos sino que se van modificando de generación en generación bajo la influencia del medio ambiente, y éste es el sustrato sobre el que actúa la selección.

Pero Darwin no sólo hablaba de los cambios que se producían en los organismos, sino que, además, señalaba que la Tierra también evolucionaba. Las aportaciones de Darwin a la Geología y la Paleontología también han sido muy valiosas para el conocimiento del mundo inanimado.

La misma biografía de Darwin es, de por sí, una apasionante lectura que enriquece a quien se acerca a él a través de sus libros. En ellos narra sus inquietudes desde niño por las ciencias naturales o su trascendental viaje a bordo del HMS «Beagle» que durante cinco años le llevaría, como naturalista meticuloso, a dar la vuelta al mundo. Ese viaje marcaría un hito, y sería la fuente de inspiración de la nueva visión de los seres vivos de nuestro planeta, incluidos los seres humanos. Pero además, no deberíamos olvidar, y podríamos destacar de él, su enorme capacidad de trabajo, su sensibilidad y su honestidad, que le llevaron a publicar sus ideas solamente cuando estuvo seguro de ellas, tras muchos años de investigaciones, reflexiones y dudas. Porque este año también se conmemoran los 150 años de la publicación de su obra más famosa, «El origen de las especies», en la que plasma su visión del mundo vivo. Y aún más allá, porque en 1871 publicó «El origen del hombre», en el que nos reveló el humilde lugar del hombre entre los seres vivos.

La investigación actual en las ciencias biológicas sigue aportando datos y conocimientos que refuerzan las primigenias ideas de Darwin como, por ejemplo, la primatología o la paleoantropología, que nos dejan constancia de la existencia de un antepasado común entre los simios y el hombre actual, consecuencia de una historia evolutiva común y paralela, que se refleja en aspectos paleontológicos, genéticos, bioquímicos, embriológicos, o etológicos. Y la evolución en nuestra especie continúa, y lo hace a un ritmo que, según demuestra la genética de poblaciones, se aceleró a partir del Neolítico con la aparición de la agricultura.

Actualmente los científicos aún siguen debatiendo y profundizando en algunas de las cuestiones que Darwin se planteaba ya en su época, y a las que intentó dar respuesta sin éxito; faltaban aún muchos descubrimientos para recomponer el puzzle evolutivo. Hoy su obra sigue siendo una constante referencia, influenciando el trabajo intelectual y científico de todos los biólogos y paleontólogos que trabajan en el campo evolutivo.

La obra de Darwin es algo vivo, algo en uso, algo que en su momento abrió las puertas al racionalismo en el pensamiento evolutivo y a la modernidad. Pero como además otras ramas de la ciencia también han ido avanzando en el conocimiento, Darwin seguramente se sentiría gratamente deslumbrado al ver los importantes avances científicos que su teoría ha inspirado, sobre todo de la mano de las investigaciones en la moderna genética y cuya aplicación práctica abarca, en la actualidad, desde el estudio de las plagas de los cultivos, al desarrollo de nuevos medicamentos, e incluso el análisis de las consecuencias que puede producir el cambio climático.

Belén López Martínez, Profesora titular de Antropología Física de la Universidad de Oviedo

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